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Serendipia
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Cuadro: "Serendipity" de Lynne Taetzsch

Cuadro: “Serendipity” de Lynne Taetzsch

Lo que se ha constatado cuando estamos enfocados con pasión y responsabilidad en un proceso de cambio auto organizado, que por excelencia propicia la tecnología de espacio abierto, es que a medida que se va avanzando en dicho proceso, todo comienza a alinearse para facilitar grandes descubrimientos y hallazgos que no estaban en las expectativas de nadie. En otras palabras, casi mágicamente comienzan a ocurrir sincronías de distintos hechos y circunstancias, que iluminan el camino y potencian nuestro aprendizaje para alcanzar el cambio deseado. Este fenómeno, que también ha sido mencionado en otras disciplinas tales como las del cambio social, la informática, la química, el desarrollo de las artes y la investigación científica, se conoce con el nombre de serendipia o azar venturoso.

En realidad se trata de un neologismo en el idioma español que ha sido acuñado a partir de la palabra inglesa serendipity.

Su origen más remoto no obstante se refiere a un centenario cuento Persa que decía relación con el reino de Serendip, cuyo rey envía a sus tres hijos príncipes a viajar por el mundo para aprender de los sabios y de la gente de otros reinos y lugares, haciéndose así dignos para ocupar posteriormente el trono.

Más que de las enseñanzas de los sabios, sus aprendizajes más notables provinieron de sus viajes por los caminos de la gente común, encontrándose con sus problemas y dilemas. Según el destino va disponiendo, los príncipes cumplen las expectativas gracias a su gran capacidad de astuta observación y a una capacidad similar para descubrir incidentalmente la solución a dificultades impensadas, que bien podría llamarse una “sagacidad accidental”. Por eso posteriormente la serendipia ha sido definida como “el don para los descubrimientos por accidente y como resultado de la sagacidad que ocurren cuando se está persiguiendo otra cosa” (Remer, 1964) o “la capacidad para reconocer el flujo energético de lo inesperado, y luego moverse con éste” (Lederach, 2005).

En el plano del cambio organizacional o de los sistemas adaptativos complejos, adquiere especial relevancia puesto que actúa como un antídoto en contra de la “visión de túnel” o de la ilusión mecanicista que impera en muchos proyectos de cambio social o transformaciones organizacionales en el mundo actual.

La “visión de túnel” se refiere al mito de creer que los grandes cambios sólo se logran al enfocarse exclusivamente en los objetivos y en las destrezas que se poseen, dejando de ver el contexto de las relaciones y los múltiples aspectos laterales que ocurren y emergen a lo largo de un proceso de cambio, en una realidad altamente cambiante y dinámica.

Sin duda que para alcanzar las grandes transformaciones que el mundo y las organizaciones requieren en el mundo de hoy, es muy importante tener una claridad de propósitos y objetivos y un conjunto de habilidades, pero no es menos cierto que como se trata de sistemas adaptativos complejos, mientras más esfuerzo sólo ponemos en lograr determinados resultados menos los conseguimos. Los grandes cambios no ocurren por decreto, ni tampoco cuando los perseguimos exclusivamente en base a un paradigma de causa y efecto, que entiende el cambio de manera lineal, como si sólo bastara saber lo que se quiere y tener el suficiente poder para lograrlo. En este sentido además, pareciera ser que más importante que los objetivos es estar centrado en los valores y principios correctos.

Los testimonios de grandes cambios exitosos, tan complejos como por ejemplo el logro de la paz entre países que se encontraban en guerra, señalan que las claves del éxito muchas veces estuvieron más que en lo focal en lo lateral, y en los asuntos emergentes que iban apareciendo a lo largo del proceso, es decir en las relaciones y las redes que se establecían con la gente y que resultaban imposibles de prever antes de comenzar el camino. Estas distintas circunstancias y contingencias requirieron ser reconocidas y abordadas, para convertirse luego en palancas decisivas del logro del cambio buscado.

Para aprender como provocar deliberadamente la serendipia bien haríamos en observar a los cangrejos, que en el camino hacia sus alimentos y en el desplazamiento en su medio, siempre mantienen una visión periférica de todos los cambios en el entorno para ajustar su conducta. Estos animalitos resultan maestros en la flexibilidad requerida para alcanzar objetivos, siendo incluso capaces cuando se sienten acorralados, de sumergirse en la arena y aparecer luego en otro escenario mucho más favorable a sus mismos propósitos.

En el plano humano esta flexibilidad y capacidad de atender a lo inesperado, esta disposición a relacionarse y considerar también lo lateral y periférico, pasa fundamentalmente por un tema actitudinal que predomina en una mirada sistémica, que reconoce que todas las partes y elementos deben sumarse y alinearse para conseguir un cambio trascendente y global.

Estas capacidades son las que se despliegan cuando todos los miembros de una organización se reúnen y abren el espacio para enfocar un tema complejo, candente y urgente que los convoca a todos. Allí ellos reconocen un principio guía que dice “lo que aquí suceda será lo único que pudo haber sucedido”, puesto que para conseguir lo que se desea, por sobre muchas otras cosas, se deberá atender al proceso y a lo que cada uno trae y ofrece para el cambio. Solo entonces comenzará a operar una suerte de “azar venturoso” que provocará “coincidencias asombrosas”, las que finalmente interactuarán como factores determinantes del proceso global de cambio exitoso.

Lederach (2005) en su más reciente obra “La Imaginación Moral: El Arte y el Alma de la Construcción de la Paz”, reconoce tres grandes hitos para la generación deliberada de serendipia en procesos de cambios tan complejos y constructivos como los que él ha trabajado: (1) adquirir y construir la capacidad de visión periférica; (2) desarrollar disciplinas creativas de aprendizaje que estimulen una curiosidad insaciable, una invención constante y una crítica atenta y (3) sostener el cambio sobre plataformas ingeniosamente flexibles.

Para los que estamos comprometidos con el cambio organizacional y utilizamos la tecnología de espacio abierto como una herramienta fundamental, sabemos que esos hitos serán alcanzados de modo natural y espontáneo a través del poder y la magia de los procesos auto organizados y el diálogo creativo entre la gente, que esos encuentros promueven. Por esto mismo es que “debemos estar preparados para sorprendernos gratamente”.

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